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Somos moteros, no delincuentes

Estimada Nada Marrazzo,

Hace unas semanas escribiste una carta a El Periódico dando tu opinión sobre las “patéticas e irritantes Harleys en la ciudad” (así titulaste tu escrito). A los pocos días te contestó una motera zaragozanaexplicándote algunos aspectos de este deporte que no conoces y que lo hacen uno de los más solidarios que existen. Hoy me permito el lujo de darte mi opinión públicamente. 

Como habitante de la ciudad de Barcelona puedo entender que te molesten las innumerables fuentes de ruido que hay en la ciudad pero es algo inherente a ellas así que si quieres dejar de ser una sufrida ciudadana a la que nadie defiende, la alternativa es sencilla y el campo grande.

Como es habitual, la tendencia de todos los que desconocen el mundo de las dos ruedas es a considerarnos como unos locos descerebrados que lo único que queremos es conducir a 200km/h vulnerando todas las normas de circulación y por supuesto, siendo fieles al mito de “Esasy Rider” cometiendo otros delitos como el tráfico y el desorden público.

Sin embargo, siento decepcionarte pero no somos así. A diferencia de mi compatriota Udiarraga Elortegi de Zaragoza cuyas palabras suscribo orgullosa, yo si tengo moto y una de gran cilindrada de esas que hacen ruido y te molestan. Pero ni me disfrazo de rebelde ni cumplo de mala gana mis ocho horas de jornada laboral, sino que para ir a trabajar me visto como cualquier mujer sencilla pero amante de la moda y disfruto al máximo de toda mi jornada laboral.

Cuando salgo con mi moto los fines de semana, me visto –que no disfrazo- con la ropa adecuada para salir y garantizar al máximo mi seguridad. ¿Te resulta patético?¿Cómo te vistes para ir a hacer deporte?¿Con traje y corbata?

Debo decirte que pocos deportes o pasiones gozan de tanto compañerismo y solidaridad como el motociclismo.

¿Cuántas veces yendo en coche has visto otro coche parado en el arcén y te has parado a ayudar?

¿Ninguna?

Nosotros nos paramos siempre. Nos saludamos cuando nos cruzamos y por supuesto, nos ayudamos los unos a los otros aunque no nos conozcamos.

No sé quién tiene que defender los oídos de los sufridos ciudadanos pero estoy segura que si el mundo se contagiase un poco de nuestra solidaridad sería un lugar mucho mejor.

Por último, invitarte a que te unas un día a alguna salida en moto. Estoy segura que la generosidad que nos caracteriza permitirá que algún motero o motera te lleve de acompañante en su ruidosa moto (en la mía no puedes porque es monoplaza). Así podrás tener argumentos reales para hablar sobre cómo somos los moteros y te darás cuenta que sólo somos moteros, y no delincuentes.

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